Murió como vivió: gris.

Jorge Rafael Videla,
conocido entre sus colegas como “el cadete”, era un tipo que pasaba inadvertido
hasta para sus propios colegas, la mayoría de los cuales lo veía como un tipo
de no muchas luces, poco jugado y cultor fanático de los reglamentos. Quizá una
de las imágenes que mejor lo muestran de cuerpo entero es la que brinda la
curiosa historia de la visita del entonces jefe del ejército y presidente de
facto Alejandro Lanusse al Colegio Militar, a cargo de Videla. Una vez
terminado el acto Lanusse pasa al retirarse delante de Videla, quien como dicen
las normas le hace la venia. Para su sorpresa, al mirar por la ventana luego de
despegar el helicóptero que lo transportaba, Lanusse ve que Videla continúa el
saludo, por lo que le dice a su acompañante, el periodista Jorge Lozano: “¡Mire
que pelotudo!¡Vamos allegar a las nubes y va a seguir haciendo la venia!”.
Videla vivió sus últimos
días mostrando su nula humanidad negando hasta el más mínimo arrepentimiento
aún en la cercanía de la muerte, pero no se privó tampoco de denunciar el
abandono de los políticos y empresarios a los que sirvió con su “proceso”. Vio
claramente como los militares fueron el chivo expiatorio de los poderosos, esos
que lo tildaban de estadista en sus días de gloria ganada a sangre y fuego
mediante las desapariciones, las torturas, los fusilamientos, y, ante todo, un
plan económico que necesitaba de esa barbarie para ser llevado a cabo y
conducir al pueblo argentino a la decadencia económica, social y cultural.

Junto a otro reciente
fallecido, José Alfredo Martínez de Hoz, sabían que no bastaba reprimir sino
que había que destruir la estructura social de la que provenía el poder de las
organizaciones sociales: sindicatos, delegados de base, universidades,
colegios, organizaciones de apoyo religiosas, hasta empresas que no compartían
su modelo de país. Todos eran sospechosos aunque no fueran opositores si no se
movían al compás de la represión. Aún quienes transitaran por la tibieza o la
imparcialidad eran considerados “enemigos”. Tal era el grado de miedo y
barbarie que llevaron al país entonces. Y que aún hoy muchos conservan.
¿Cómo es posible que un
gobernante se arrogue el derecho de miles de argentinos muertos? ¿Cómo un ser
humano puede hacer algo tan siniestro?

Y también hay que admitir
que llegamos a Videla porque éramos (¿somos?) un país autoritario y de derecha.
Se llegó a él porque antes existieron antecedentes políticos que lo gestaron y
por qué gran parte de la sociedad estaba cómoda y creía que esa derecha le
reservaba su lugar en el banquete. Lo que no supo ver era cual era ese lugar… y
luego, con la manzana en la boca ya puesta, fue tarde.
Videla fue y es sinónimo de
muerte, pobreza, evasión, miedo, fuga de capitales, egoísmo, desindustrialización, mentira, destrucción de
la educación… de un país y de su gente.

Los medios de comunicación
como Clarín, Perfil, Atlántida y La Nación, buscan el olvido de su pasado
procesista y se desentienden de la dictadura y de Videla.

Solo dieciocho fueron las
necrológicas que en La Nación se acordaron de Videla. Algunas son personales y
nada hay para decir sobre el dolor familiar o de cercanía, lógico y respetable
ante cualquier deceso. Otras le endilgan un grado militar del que el dictador
carece ya que le fue retirado por las instituciones de la democracia. Solo unos
pocos dinosaurios tratan de volver a un pasado nefasto reivindicando la “guerra
interna contra el terrorismo subversivo apátrida”.
Mientras tanto, y fiel a su
trayectoria, poco antes de morir Videla llamó a levantarse contra el gobierno
electo, a un nuevo golpe de estado contra la democracia que por culpa de gente
como él nos costó la vida de treinta mil argentinos para llegar a alcanzarla,
de vivir en ella.
Que Videla descanse en paz,
pero que su recuerdo nos sirva para no volver a cometer los mismos errores que
en el pasado. Nunca más.
EL MEJOR RESUMEN DEL LEGADO DE VIDELA
Carta abierta a la Junta Militar
por Rodolfo Walsh
Carta abierta a la Junta Militar
por Rodolfo Walsh
1. La censura de prensa, la persecución a
intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos
queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los
hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber
opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.
El primer
aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de
gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman
aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que
omiten son calamidades.
El 24 de
marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo
desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo
término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde.
En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de
Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo
remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo
en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos
recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el
ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva
de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional"
que ustedes invocan tan a menudo.
Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e
intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas
productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante
sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo
los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que
ha conocido la sociedad argentina.
2. Quince
mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de
desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas
las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del
país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado,
periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos,
invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las
detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento
sin juicio.1
Más de siete
mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último
año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha
presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra
abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían
fueron a su turno secuestrados.
De este
modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el
detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días
según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de
anteriores dictaduras.
La falta
de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los
métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las
articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos
y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el
torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales
reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino",
el soplete de las actualizaciones contemporáneas.2
Mediante
sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla
justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta,
intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información
se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso
de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad
que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.
3. La
negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la
cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y
horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias
tentativas de fuga.
Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a
diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no
está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante
ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de
represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones
guerrilleras.
Setenta
fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del
Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de
Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel
Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman
parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo
heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.
Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de
justicia,incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los
cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales,
intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples
sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la
doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres" que usaron los SS en los
países ocupados y los invasores en Vietnam.
El remate
de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una
evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la
guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más
encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo
periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre
de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales
tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.3
Más de
cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato
oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la
guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva
estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según
la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.
Así ha
ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de
Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido
en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta
prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y
narradas sin pudor.4
El
asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de
1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército
que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes
de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican
en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como
comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de
Gobierno.
4. Entre
mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que
ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos
han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud
genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.5
Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en
las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta
la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la
Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal
Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y
fracturas visibles" según su autopsia.
Un
verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba
en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron
la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.6
Treinta y
cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en
San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco
a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de
Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.
En esos
enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las
3 A de López Rega, capaces dc atravesar la mayor guarnición del país en
camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar
prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que
se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3
A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la
balanza entre "violencias de distintos signos" ni el árbitro justo
entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha
perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.8
La misma
continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el
anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres,
Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha
querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y
Uruguay.9
La segura participación
en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal,
conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los
comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad
de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de
futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que
no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de
altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación
de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel
global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este
cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el
asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba
los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de "Prensa
Libre" Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció
las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.
A la luz
de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra
pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce
límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".10
5. Estos
hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los
que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores
violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política
económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes
sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria
planificada.
En un año
han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su
participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada
de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando
así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos
coloniales.
Congelando
salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas,
aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y
comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del
9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las
relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los
trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos,
secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron
muertos, y en otros no aparecieron.13
Los
resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno
el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de
medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas
del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos
iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea
estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas
mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han
reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los
gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras
centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por
el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".
Basta
andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que
semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de
habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las
industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras
convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares
y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas
sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus
residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es
prohibir a la gente que se bañe.
Tampoco en
las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el
país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto
que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante,
una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana
de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen
también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda
inepcia.
Mientras
todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta
disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil
ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones
argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas
plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos
Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un
director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos
militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni
desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la
actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por
guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional
según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o
Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios
a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo
selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las
automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el
ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.
Un aumento
del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de
la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con
el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda:
"Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan
insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".14
El
espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para
algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay
empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que
antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables,
la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo
un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".
Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en
manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a
empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan
las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean
empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al
conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los
comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses
foráneos, cuál es la ideologia que amenaza al ser nacional.
Si una
propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que
esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o
que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores
Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que
conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al
último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las
causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino
no estarán dcsaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y
la revelación de las atrocidades cometidas.
Estas son
las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido
hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con
la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho
tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.
Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.
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