Luego de años de promocionar el uso de la
bicicleta como medio de transporte urbano, de invertir recursos públicos para
generar la estructura necesaria para hacer viable al sistema a través de la
construcción de bicisendas, la señalización necesaria, la creación de un
sistema público de alquiler de bicicletas y los gastos de publicidad que hacía
hincapié en las bondades de su uso por parte de la población porteña, al
gobierno del Ingeniero Macri se le acaba
de caer la careta y anunció… la privatización del sistema.
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Mauricio Macri & staff: grandes de la bicicleta |
Después de que el Estado operara
satisfactoriamente el sistema (cosa rara en la gestión del PRO), Macri no tuvo
mejor idea que “entregarlo” a la actividad privada.
Para ello, con la licitación en marcha para
ser adjudicada en junio y sin pasar por una legislatura por la que siente
desprecio, el Gobierno de la Ciudad planea destinar 33,7 millones de pesos
ANUALES para el operador que resultase adjudicado con semejante regalo
anticipado de navidad, teniendo en cuenta que no pondrá un centavo por el
negocio… y hasta se le adelantará dinero (!!!).
El sistema urbano de bicicletas fue puesto en
marcha a fines de 2010, se instalaron para ello desde entonces 28 estaciones de
rodados con 3500 anclajes de bicicletas, logrando que 70000 usuarios hicieran
un total de 1350000 viajes a un promedio de 31 minutos cada uno. Es gratuito y
la bicicleta puede ser utilizada durante una hora y renovado su uso en otra (o
la misma) estación. Además, el robo en los casi 3 años que lleva el sistema fue
de apenas 70 bicicletas.
La pregunta del millón es entonces… Si el
sistema funciona bien, ¿por qué dejar que una empresa privada sin poner un
centavo explote lo que se hizo con el dinero que pusimos los porteños de nuestros
bolsillos? La respuesta que nos enrostra la realidad es simple: es parte del
famosos “capitalismo de amigos” que tanto machacan Macri y sus medios amigos al
Gobierno Nacional. Como bien dice Néstor Sebastián, de la Asociación de
Ciclistas Urbanos, “es como la fábula del escorpión, que le pide a la rana que
lo ayude a cruzar el río sobre su lomo (jurando no hacerle nada) y luego de
picarla se justifica diciéndole que es su naturaleza”.
Además, para esquivar el tratamiento del
proyecto en la Legislatura, el contrato tendrá una duración de cuatro años y
podrá prorrogarse por uno más, gambeteando a la ley que estipula que “se exige
la aprobación por ley cuando las concesiones superen los cinco años”.
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La inversión es del estado y las vaquitas son ajenas |
En resumen, un sistema creado por el Estado
con dinero público, de correcto funcionamiento, es entregado a una empresa
privada en concesión sin que esta realice inversión alguna en contra prestación.
Y además de los 135 millones de pesos que embolsará en cuatro años (que pueden
ser 170 si se prorroga uno más), podrá explotar además otro pingüe negocio: en
el comienzo del contrato la ciudad le concede un “adelanto” (a título de que,
por Dios) del 10% del total del mismo. Aparte, como responsable de un ya
conversado arancelamiento del servicio, como recaudador se le abre otro negocio
financiero. Supongamos entonces que se cobre digamos, $0,80 por viaje, a unos
150000 viajes mensuales (el promedio actual, 5000 diarios), el concesionario
“maneja” una caja de $120000 todos los meses que luego (vaya a saber cada
cuantos días) liquida al Gobierno de la Ciudad, lo que le permite “trabajar” el
dinero (las cuevas chochas) sin pagar intereses por él. Lindo ¿no?
Por eso, desde estas líneas, le propongo al
ingeniero lo siguiente: Mauricio, entregame SOCMA así como está cinco añitos (u otra de esas
empresas de papá, y no me vengas con que la vendieron), y adelantame el 10% de
la facturación anual para que arranque con todo. Dale, hablalo con Franco que
yo le digo a Larreta que vaya preparando el contratito. ¿Te va?
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